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¿Escribir o no escribir? Esa es la cuestión.

En ocasiones, escribir no resulta ser la grata experiencia que debería ser.

A veces, esta labor preciosa en la que te vuelcas con toda tu alma termina convirtiéndose en un desafío. Y ya no hablo del hecho de sentirte muy sola delante del teclado cuando te lanzas a navegar en un proyecto nuevo u otras dificultades que tiene esta profesión. Alcanzar las expectativas es un peso enorme, y no solo las autoimpuestas, sino también las aplicadas por otras personas.

Cuando dejas volar una nueva novela, sabes que habrá quienes la amen y quienes la odien. Eso es inevitable, pues no se puede gustar a todo el mundo, y no todas las personas van a saber interpretar el mensaje de la misma forma. Pero recordemos que somos humanos con sentimientos, y el miedo a la crítica puede ser abrumador. Cuando atacan esa obra que has escrito con toda la ilusión del mundo, es inevitable sentirlo como una herida invisible. Aunque también estoy aprendiendo que esas palabras que a veces se reciben por parte de haters anónimos muchas veces parecen revelar más de los problemas de quien está detrás de esos mensajes que de tu trabajo.

Hasta ahora, la escritura me daba alas. Era mi lugar seguro en el que crear mundos extraordinarios y tener libertad. Y es que yo sueño con escribir lo que me dé la gana. Tan simple como eso. No todas mis historias tienen por qué ser iguales. Evolucionamos y no siempre estamos en el mismo momento de la vida.

No deseo convertirme en esa clase de autora que parece sacar una plantilla y crear de nuevo a los mismos personajes, cambiando solo sus profesiones y los escenarios en los que transcurre la novela. Me gustaría explorar ideas y construir esas historias que me apetece encontrar en las estanterías de una librería sin miedo a que las destruyan en redes sociales o se queden en un cajón porque el mercado prefiere otros productos.

Tengo buenos propósitos e ideas para continuar desarrollando mi camino como escritora. Pero eso no es suficiente. Me gustaría poder tener la piel más dura, sabiendo que las dificultades en el mundo de los libros estarán siempre presentes y que cada día será más difícil abrirse paso en este mundo dominado por el número de seguidores y de likes. Por eso me pregunto si debo (o no) tratar de encontrar otros caminos en los que sé que mi trabajo continuará siendo vulnerable y atacado, pero también tendré la oportunidad de llegar a corazones que sepan interpretarlo y apreciarlo.

Me gustaría poder ser yo misma cuando se trata de algo tan personal como la escritura. Me gustaría tantas cosas…

Pero no olvidemos que esta tarea requiere de tiempo que te quitas de otras cosas, mucha paciencia, la aportación de recursos económicos que bastante gente desconoce, etc. Y podría continuar explayándome, pero de nada serviría hacer la bola de nieve más grande.

Entonces…

¿Escribir o no escribir? Esa es la cuestión.

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