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Amor tres delicias

Carta a la Nina del futuro, para esos momentos en los que piensas que te estás perdiendo en el camino o te surgen dudas. 

Querida yo: 

Sé que a veces sientes que el lugar en el que estás no es el correcto, y resulta inevitable imaginar cómo hubiera sido en otras circunstancias. ¿Y si yo no fuera asiática sino una chica occidental, con una familia de pensamiento más abierto y menos tradicional? ¿Cómo hubiera sido…? ¿O si fueran los otros quienes cambiasen su pensamiento cerrado? En mi humilde opinión, no vale la pena torturarnos con esas cuestiones que jamás nos darán una respuesta acertada, sino meras suposiciones, muchas de ellas sin fundamento, creadas a partir de ideas de lo que nos gustaría haber tenido o vivido pero que nadie puede garantizar que fuera a ser como nuestra mente imagina. Aunque, a veces, resulta casi imposible o inevitable no hacerlo, ¿verdad? 

Con el tiempo he aprendido a valorar lo que tengo, dónde, cómo o por qué lo tengo y, sobre todo, he comprendido quién soy yo en realidad. ¿Por qué? Supongo que el conjunto de experiencias que he tenido hasta ahora, unas mejores y otras peores, me han hecho ser más fuerte. Ahora sé desenvolverme con más soltura ante las adversidades, y eso me servirá también para el futuro. 

Sé que soy inconformista y luchadora por naturaleza. Quiero más, estoy dispuesta a conseguirlo y también sé que, cuando alcance mi objetivo, la sensación de bienestar y realización será doblemente gratificante porque lo habré conseguido yo sola, con y por mi esfuerzo, mi perseverancia y mis medios. Me he topado y me encontraré con diferentes obstáculos a lo largo de mi vida, pero los superaré a mi manera y me haré más fuerte, más sabia y más valiente. Y, bueno, aunque solo tengo un cuarto de siglo vivido, es decir, veinticinco años, hay un par de cosas que he aprendido y que considero que puedo compartir con todo el mundo. 

Lo primero es que no debemos martirizarnos con la dichosa pregunta de ¿y si…? Qué más da si fuiste más pronto o más tarde a la universidad, o si pudiste ir o no a aquel viaje. La cuestión es que tomaste una decisión que en aquel momento creíste que era buena, y no puedes pensar en si fue acertada o errónea. No tenemos una bola de cristal para ver el futuro, y, por eso, nunca lo sabrás, así que deberás aprender a vivir pensando que hiciste lo correcto, porque de nada sirve sembrar un campo con tus propias dudas. 

Lo segundo que puedo decir es una cita de Confucio en la que he pensado bastante últimamente: «A dondequiera que vayas, ve con todo tu corazón». 

Así que ve a por tus metas y esfuérzate por lograrlo. Es cierto que los resultados pueden llegar o no, pero, al menos, no tendrás ese runrún en la cabeza después. 

Y es que resulta maravilloso tener opciones y sueños en la vida, porque eso te hace levantarte cada día con otra perspectiva. Y más bonito todavía es poder hacerlos realidad, aunque no siempre se consiga, pero si saltas para alcanzarlos, no te quedas con la amargura y el sentimiento de no haberlo intentado siquiera. 

Por eso animo siempre a todo el mundo a luchar por lograr sus metas a pesar de los miedos que todos tenemos, y, sobre todo, que nunca escuchen a quienes pongan barreras en su camino o simplemente les desalienten susurrándoles al oído que no son lo suficientemente capaces para conseguirlas. 

Porque vales mucho.
Que no se te olvide nunca. 

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